Cada uno de nosotros somos diferentes. Por el hecho de ser personas, de estar siempre en camino, de no haber terminado prácticamente nada. Por el mundo que nos rodea, y que nos necesita. Y la maestría está en saber tratar a cada uno según conviene, no en la medida de su perfección sino de sus posibilidades. Calasanz hoy, con una carta cargada de misericordia, nos ayuda a comprender este misterio tan humano y nos aproxima, un poco más, a cómo Dios nos trata a nosotros. |