“Tengo por gran siervo de Dios a aquel que no se perturba ni se conmueve en su tranquilidad en circunstancias adversas o prósperas, sino que siempre permanece íntegro, esto es, de un mismo ser, sin que la pasión lo mueva de su lugar, y este tal es el que gana el premio. Dondequiera que se entrometa la pasión, viene perturbada la mente, que una vez alterada no puede juzgar con libertad.” |