Millones de niños piden pan en el mundo. Se calcula que mueren diariamente treinta mil niños y niñas diariamente a causa de la pobreza y de sus consecuencias.
Y son muchos más, entonces, los que piden pan.
¿No es esta una visión que requiere riesgos, que demanda soluciones, que clama? ¿No es el grito de Dios el que se esconde en ellos, su denuncia, su acusación?
Y más, aún más, quienes piden amor, ternura, confianza, un hogar de paz, un mundo libre, poder ser educados, escuchar otras voces, cercanía, comprensión...
No es la reflexión fácil, que mueve conciencias. Es real. Así comienzan nuestras constituciones. |