Acoger al compañero que llega

Toda novedad, requiere ser acogida. Las grandes transformaciones necesitan tiempo hasta que la gente se hace con ellas. A la era del 80 se le denominó, entre otras, "generación del botón" y a esta que ahora surge algo similar a "generación internauta". Cada momento tiene sus peculiaridades, y también las personas. Mi abuela, por falta de recursos personales, se sumó a "los botones" con bastantes dificultades. Para mí era algo obvio, desde pequeño, y casi me costaba comprender cómo no lo era para mis mayores. Y así sucesivamente.

Las personas que llegan a nuestra comunidad, a nuestras casas, que llaman a la puerta, traen sus propias señas de identidad. Vienen con criterios distintos, con mucho que purificar. Y también con el aire fresco del espíritu. A todo aquel que se acerca se le piden dos cosas, imprescindibles: que nos conozca, y que aprenda a querer el carisma y tesoro que Dios nos ha dado (y en ese proceso que lo descubra como suyo, que lo haga propio, que se deje contagiar y empapar); y que no pierda su carisma personal, aquel que Dios le regaló precisamente para hacer más fructífera a la Escuela Pía.

Este es el proceso de acogida, siempre recíproco. Y la belleza de los primeros intercambios. Caridad por ambas partes y mucha fuerza para respetar el don de Dios, siempre diverso, múltiple y variado.

PP. ESCOLAPIOS - ESCUELAS PIAS