Pero no hablo de psicología básica, sino de una experiencia espiritual, y por tanto creyente y de Iglesia. Es mi lugar, porque Dios lo ha querido. Y mi imagen es, de alguna manera, la imagen de Jesucristo y la imagen de la Iglesia. Es cierto que soy yo quien entra, pero no solo.
Supone haberse encontrado antes con Dios y desear que vuelva a suceder. Entro en clase, como escolapio, porque me he encontrado con Dios. Si no, sería simplemente maestro o profesor, pero soy escolapio. No me lo puedo quitar de encima, ni decir "ahora no". Él es la razón de que yo esté allí y por Él lo hago. Por él he preparado mi clase, de forma diferente, pensando en mis alumnos y en la vida, intentando educar tal y como Él me ha educado. Y ahora, estoy allí, abriendo la puerta dispuesto a dar gratis lo que he recibido gratis. |