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En pocas palabras diría que ser escolapio es una forma de encontrar a Dios, no sólo de buscarlo, sino de estar con Él cerca, próximo, de dejarse guiar y vivir el Evangelio en plenitud. Ser escolapio es orar y trabajar, estar en el mundo, en el día a día de la gente y principalmente de los más pequenos. Ser escolapio es celebrar la Eucaristía como cura, pero también acercarse al sufrimiento de la gente en la confesión, en el acompanamiento personal. Ser escolapio es vivir en la escuela, siendo profe o maestro, estar cerca de los pequenos y de sus familias encontrando a Dios, que es el verdadero Maestro y Senor.Ser escolapio es un camino, que empieza pero no termina, como toda vocación cristiana sinceramente vivida, que exige por lo tanto reflexión personal y diálogo abierto con los hermanos que Dios ha dado. |
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Ser escolapio es desear la libertad más grande posible para la persona, es querer discernir con otros qué es voluntad de Dios, es compartir trabajo continuamente y desear encontrarse con los hermanos para descansar y hablar de lo que somos y de lo que nos ocurre.Ser escolapio es ser una persona de hoy, un cristiano que viva con radicalidad el Evangelio en la escuela y en el mundo. Ser escolapio es disfrutar la vida, sin duda alguna; quizá no al modo común, pero sí con pleno gozo por la entrega personal y de la gente que nos rodea. Ser escolapio es también aprender a superar las crisis de forma digna, sin pasos en falso, y confiando en la verdad; aunque esto no nos hace muy especiales, lo compartimos con todos. Ser escolapio es pertenecer a algo más que una Institución, ONGs, porque nuestra Orden pretende ser una gran familia repartida por todo el mundo, y cuando se conocen las alegrías y los sufrimientos de otros escolapios allá donde estén, en el fondo también son nuestras.
Ser escolapio es estar consagrado a una misión preciosa, que es dejarse educar por Dios viviendo en comunidad y trabajando por los ninos y jóvenes. |
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