Dejarse educar para poder educar
El Maestro interior (de la Iglesia) es el Espíritu Santo, que penetra las profundidades más recónditas del corazón de cada hombre y conoce el secreto dinamismo de la historia. Toda la Iglesia está animada por el Espíritu y con Él lleva a cabo su acción educativa. (VC, 96)

 

La docilidad al Espíritu, la apertura del escolapio a su acción, configura la vida diaria y el quehacer educativo. Sin el Espíritu no hay fuerza, pero tampoco fidelidad al carisma recibido. No somos educadores por méritos propios, sino por vocación. Buscamos hacer aquello que Dios hizo con nosotros primero.

 

PP. ESCOLAPIOS - ESCUELAS PIAS