Están los discípulos reunidos en el cenáculo. El maestro ha muerto. Comienzan a recordar entre ellos la vida de Jesús. Y al tiempo que lo hacen se engrandece su esperanza, vibra el Espíritu y la valentía crece. Pedro les está contando...
Me dijo que, al instante de conocer a Juan en el Jordán, y de bautizarse, el Espíritu le llevó al desierto. Allí estuvo durante cuarenta días. Conoció la dureza del terreno y su sequía. Las noches se hacían especialmente difíciles. Estaba solo. Se dejaba guiar.
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