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Y un discípulo se siente amado tanto que se acoge todo de otra manera. Un mandato es odioso cuando no se comprende, cuando es impuesto sin motivo, cuando coharta la libertad y no deja margen a la opinión. Pero no es así entre el discípulo y Jesús. Nosotros sentimos y vivimos que eso que se nos pide es aquello con lo que hemos soñado tanto tiempo, con la libertad suficiente como para hacer del amor la regla fundamental de nuestra vida por encima de toda debilidad. No es moral, es vocación, deseo, plenitud. |
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