Jesús había muerto, aquel hombre que le salvó la vida cambiando su corazón y dándole una esperanza. En su corazón sentía que estaría siempre con él y nunca se separaría. Que para toda la vida estaría segura a su lado. Que no tendría fin. Pero no había sido así. Con sus propios ojos, que ahora están llenos de lágrimas y desalentados había visto su cuerpo en la cruz y lo habían dejado sin vida en aquel sepulcro. Al tercer día fue a cuidarlo...
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