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Y también Dios, con su Ley, ha querido potenciar la libertad del ser humano. Una ley que no se impone, que tampoco está oculta. Una ley clara, que comienza por uno mismo. Una ley contundente: "Ama a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo." Una ley centrada en el amor, no en el egoísmo. Una ley que no puede competir con ninguna otra.
No hay otra manera para conducir a los hombres que desde su interior. No hay otro camino para su libertad. Pero toda obediencia, exige confianza. Y se obedece con facilidad a quien sabemos que nos ama, quiere, y sabe. |