Diversos relatos, pasajes del Antiguo y el Nuevo testamento nos hablan del corazón y de la Ley. Los recordamos con nostalgia, porque se promete que podemos liberarnos de leyes absurdas que nos esclavizan y que Dios es capaz de hablar a cada uno de nosotros de forma única, personal.
Lo cierto es que un designio universal y común abraza a todos los seres humanos. Cada uno de ellos parece estar inclinado al amor y a la libertad indistintamente. Y ninguno se siente al margen de ello.
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