Pocos lugares pueden ser tan poco deseables para la razón como la Cruz. Y pocos lugares también tan nítidos para conocerse a sí mismo como a sus pies. Millones de jóvenes han adorado la Cruz, dejándose traspasar por una verdad intensa proclamada a sus pies: Verdaderamente, era Hijo de Dios.
Sin embargo, al tiempo que se mira, que se adora, que se entra en diálogo con ella, se produce en nosotros un gran desvelamiento y aparece...
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