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Al salir de allí, aquel hombre siguió sus pasos. Comezó así a vivir aquellas palabras. ¡Sí, este fue el inicio! ¡Comenzar a seguir sus pasos! Las palabras de aquel hombre se habían incrustado en su vida como una promesa que comenzaba a dilatarse, a expandirse, a abrirle su propio corazón y el oído.
Junto al lago, encontró Jesús a unos hombres. Cansados por el trabajo, por la vida que llevaban. Al verlos, les dijo sencillamente: "Sígueme." E inmediatamente dejaron...
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