Jesús entró en la sinagoga. Todos le conocían, al parecer. Pero al escuchar su palabra se sorprendieron porque "no era como los otros", sino que hablaba con autoridad.
Un hombre que, sentado como tantos otros días, se pudo escuchar sus palabras se quedó sorprendido. Lo que Jesús, el hijo del carpintero anunciaba comentado al profeta Isaías era lo que él mismo estaba viviendo y deseando escuchar durante mucho tiempo. Aquellas palabras no eran "en general" sino que eran "para él".
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