Mirar como consumidores, mirar como parte de la realidad, mirar e intentar salir al encuentro del otro. ¿Qué escoger, dónde ocultarme? La sociedad de la imagen, en la que se multiplican los fotogramas de las películas, en la que internet provoca que vayamos de un sitio a otro abriendo y cerrando sin detenernos demasiado. ¿Ventanas, para qué?
Sociedad de la información, de la acumulación de datos, de las estadísticas variables y múltiples. Sobre los tornillos que se producen y se consumen, sobre las veces que una persona habla con sus amigos al cabo del mes y sobre qué temas trata. Y también del desconocimiento. ¿Ventanas, para qué?
Espectadores o partícipes. ¿Conocer me lleva a algo? ¿Qué provoca? Una ventana, que es la Palabra, abierta hacia el corazón de Dios. La vida del Hijo, como un hombre que pasea por la calle, ¿nos convierte en espectadores? ¿En qué se convierte la persona cuando puede conocer cuántas veces se dice "amén" en la Palabra, si desconoce lo supone realmente decirle a Dios, con valentía, "Aquí estoy Señor para hacer tu voluntad? Una ventana, nada más que una ventana. Una invitación a mirar, y a dejar la habitación y la vida para salir al encuentro, para vivir, para soñar.