Cuando me pregunto sinceramente por tu voluntad y la busco, descubro que estoy mirándome en un espejo, en el que me dejo mirar por ti. Tú me respondes con una sonrisa amable y me invitas a mover ficha en el tablero de mi vida, en los afanes cotidianos y las tareas más vulgares. Era evidente, cierto. La respuesta estaba ahí: "¡Ama!"
Pero es tu voluntad, no la mía. La mía, herida y quebradiza, está frente a ti sin condiciones, quiere a la vez abandonarse y tiene miedo.
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