Un castillo. Con múltiples defensas. No una puerta sencilla de abrir. Una fortaleza con murallas, con puentes levadizos, con soldados apostados en torres. Y también con capacidad para atacar a cualquiera que se acerque sin ser esperando, a quien se atreva a aproximarse demasiado. Pero el corazón del castillo, las estancias interiores... permanecen al margen y seguras.
Allí es donde Dios quiere llegar, sin quedarse en las antesalas. Llegar a lo más profundo de nuestra vida. ¿Entra? ¿Se lo permites?
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