Y todos los que se engañan también necesitan "ser sacados" de esa mentira que poco a poco les va envolviendo. Y les envuelve hasta el momento en el que se preguntan quiénes son. Entonces, de forma personal, comienzan a mirarse a sí mismos. Sin la presión de "fuera", sin esos "demás que les miran". La aventura empieza.
El engaño viene acompañado, y es lo primero que hay que saber adivinar. Está acompañado del motivo por el que empezó: el miedo, la vergüenza, la falta de estima personal, el afán de reconocimiento, el orgullo o la soberbia... pero también de debilidad y dolor, de sufrimientos que deberían ser curados. Creemos en principio que engañándonos se solucionan, pero regresan con más fuerza y ocultos bajo otros rostros.
Del engaño hay que salir. Pero sólo existe una tijera que con Verdad puede romper la madeja: el Amor. Ante quien nos ama no tememos dejarnos iluminar. Y sólo lo haremos ante quien nos ama.