La pregunta es a quién sirves, ante quién te arrodillas. No física, sino personalmente. Los señores buscan a sus siervos, de hecho muchos los compran. Todavía hoy esto existe, pero de muchas maneras. Los compran con dinero y con promesas de felicidad, a cambio de placeres o de salidas fáciles, de tiempo para ellos mismos o de un corazón que sólo se preocupe por sí mismo. Los señores se buscan sus artimañas, y de esta manera el dinero, la propia imagen, lo que otros dicen de mí mismo, mi tiempo y mis cualidades, mis deseos y los placeres... de esta manera se convierten en señores.
¿Tú a quién sirves? ¿Te lo has preguntado? ¿Ante quién doblas tu rodilla en este mundo y no te importa "humillarte" porque crees que es más importante?
Te voy a presentar a un nuevo Señor. Se llama Jesús de Nazaret. No buscaba ser servido, sino servir. Y busca a aquellos que se arrodillan ante Él para darles lo mejor que tiene, su Espíritu. No promete nada que no pueda cumplir, y cuando dice que estará siempre contigo es porque lo va a hacer. Quizá sientas algo de pánico a su lado, porque te libera. Es curioso, no esclaviza ni quiere personas que se pongan a sus pies de rodillas porque no sepan qué hacer. Quiere hombres libres, con fe, que participen de alguna manera en la Resurrección, que es la Vida por excelencia. No busca sus dones para robárselos, no separa a los hombres, no los busca para ser guerreros o seres de compañía con quienes sentirse importante. Más bien todo lo contrario, en su servicio se descubre la grandeza de la persona, creada por Dios. Nunca antes, un siervo se vio con tanta dignidad, ni tan rico, ni tan dichoso. Felices si os acercáis a este Señor.
Sólo una condición. Que sea el único. Que no sea un señor más entre otros: este para estos momentos y este para estos otros.