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Hoy sé que es Dios. Con sus ángeles. La providencia los acerca a mí. Y ellos me hablan de Dios, como Dios lo haría. En aquellos momentos que no puedo, porque tengo pocas fuerzas, siguen insistiendo en lo nuclear. Están y poco más se puede decir de ellos, salvo que son especiales.
Cada uno, como me enseñó mi madre, tiene su propio ángel. Y su grandeza ha sido dejarse guiar por Dios, hasta el punto que convenía. Calasanz creía que cada niño tenía su ángel. Era escolapio. |