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Tampoco llevan corona, pero los coronamos nosotros. Para siempre les agradeceremos su presencia. Sigilosos, educados, respetuosos. Son capaces de decir la verdad, pase lo que pase. Están ahí. Sabemos que podemos llamarlos.
Siendo niño mi madre oraba conmigo con palabras sencillas. Un ángel de la guardia, que siempre me acompañaba. No era una persona como otras. No hablaba con él. Pero siempre estaba y me sentía seguro.
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