Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo,
no estaba con ellos cuando vino Jesús.
Y los otros discípulos le decían: Pero él les contestó:
en sus manos la senal de los clavos,
si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado,
no lo creo.> A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas,se puso en medio y dijo: Luego dijo a Tomás: tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.>Contestó Tomás: Jesús le dijo: Dichosos los que crean sin haber visto.>
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No seas incrédulo, sino creyente |
Una nueva vocación. Una nueva transformación, no obrada por las propias fuerzas ni por los propios sacrificio, sino por la proximidad a una comunidad que vive y celebra con fuerza los acontecimientos de la historia. Una experiencia nueva, de renovación interior. Curiosamente, lo que ha quedado cambiado en su historia para siempre, ahora ya sin más vuelta atrás, tampoco puede verse, ni se puede mostrar. Tomás, herido en su orgullo y falta de fe, ¿cómo podrá mostrarle a otros ahora lo vivido? Él no tiene ningún corazón que pueda abrir para dar paso a otros, tendrá que buscarse otras palabras, otras realidades, un testimonio igualmente creíble pero que no se pueda ni palpar ni ver ni encarnar de la misma manera. Lo vivido, más allá de la palabras, queda entre Él y Jesús, entre Él y el Hijo.
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