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Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían: Pero él les contestó: en sus manos la senal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo.> A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas,se puso en medio y dijo: Luego dijo a Tomás: tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.>Contestó Tomás: Jesús le dijo: Dichosos los que crean sin haber visto.>

llegó Jesús
El texto cuenta, a diferencia de otros relatos, que la presencia de Jesús en medio del grupo es fácilmente reconocible. A pesar de estar las puertas cerradas, Él entra y se pone en medio, y por encima de la libertad de quien no quiere creer y que no da crédito a otros, como es Tomás, parece que se impone, que es fácilmente reconocible, que no hay diálogo ni discernimiento. ¡Es Él! ¡No hay duda! Y por lo tanto, tampoco falta de fe. Es la comunidad quien,durante todo el relato, tiene la capacidad de mostrar a Dios presente, a Jesucristo Muerto y Resucitado. El detalle de "al octavo día", para muchos imperceptible, nos habla de la celebración de la Eucaristía, de la reunión semanal de la comunidad para "hacer presente" al Maestro y actualizar su Misterio. Es el Crucificado y Resucitado quien está, quien habla, quien fortalece la fe. El resto, salvo Tomás, ya lo habían vivido. Todo está en función de Tomás, ¡cuánta generosidad de Dios que busca al último!
PP. ESCOLAPIOS - ESCUELAS PIAS - EPV