Las personas estamos lanzadas hacia el futuro. Hoy viajamos con el futuro en nuestros bolsillos, en forma de agenda de papel o PDA, da igual; en nuestros lugares habituales suele existir un calendario donde anotar, si es necesario, lo que sucederá. O al menos eso creemos. Vivimos pensando en el futuro porque el futuro, nos espera.
Pero la esperanza cristiana no funciona con proyectos de minutos y horas, o tareas. No se basa en las actividades. Tampoco es idílica o ensonadora, sin más. No somos nosotros quienes apuntamos, sino que es Dios quien nos ha prometido que Él estará y no nos dejará.
Ya sabemos que no todo lo que apuntamos en las agendas es maravilloso, que muchas cosas son tareas urgentes o "momentos que llegarán aunque no quisiéramos". La Palabra de Dios es diferente: nos espera, y ése es nuestro gozo, nuestra alegría y nuestra fueza. Con Él todo cambiará.