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Nos conviene volver a recuperar para nuestra propia vida esta imagen del aventurero, no como loco, sino como aquel que se encuentra en una situación en la que se requiere una respuesta, y la da. Un héroe que no haya sido formado en grandes escuelas, sino en la vida y la fe. Un héroe no preparado y predeterminado para ello, sino libre y responsablemente formado. Un aventurero que no meta en líos a otros buscando un mundo mejor, sino que responda a lo que encuentra.
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