Los adultos tienden a ser listos por naturaleza, y más cuando los pequeños están delante y pueden presumir de lo que saben. La situación era la siguiente: Un pequeño estaba viendo una película de dibujos en el colegio, y se acercó un joven, también alumno de cursos superiores, a preguntarle qué veían. Este muchacho, con una cierta malicia, le dijo que lo que estaba viendo era mentira, que no existía, que era un cuento....
"Es mentira", le repitió el más pequeño, "lo que dices, es mentira." Se produjo entonces una especie de combate entre ellos para ver quién ganaba y llevaba razón. El mayor, casi tan empecinado como el niño, repetía lo mismo: "Sí, es mentira."
Desde fuera, observándolo, todo parecía una cuestión de besugos. Porque el jovencito listillo parecía decirse a sí mismo que era mentira lo que él mismo estaba diciendo. Creo que al final todo quedó en tablas, entre ellos, y el pequeño continuó viendo la película. Su tenacidad, inusual para otras cosas, parecía mantenerse constante y fuerte. Después cogí al mayor aparte para decirle que podría haberle hecho mucho daño, que con los pequeños había que ir poco a poco, y que sus mundos eran distintos en ciertos aspectos. Algo así como que ya lo descubriría, que no tendríamos que adelantar tantas cuestiones. Y según se lo decía, me daba cuenta de que quizá él, con sus nueve años, tampoco tendría por qué haber dejado ciertas cosas de su infancia. ¿No es cierto que hoy se convierten en mayores y sabios demasiado pronto?