Celebramos en el colegio donde trabajo, como todos los años, la Semana del Comercio Justo. Es una fiesta de la solidaridad abierta a todos, especialmente a las familias, y una oportunidad educativa.
Un niño de los más pequeños, de esos que no saben leer todavía y mucho menos escribir, que se maneja en el mundo con un vocabulario reducido y unas experiencias de vida muy limitadas a su familia y entorno, que se reduce a su vez a la escuela y al parque y poco más... Un niño de los más pequeños, y con eso quiero decir igualmente, de los que más debemos cuidar, de los que estamos iniciando, insertando en el mundo (y la palabra insertar, no es como insertar monedas en máquinas, sino otra realidad mayor y más hermosa, pero también más delicada...). Uno de esos niños, porque podría haber sido cualquiera, al llevarlo a la Tienda del Comercio Justo que tenemos en el colegio con la colaboración de dos ONG... me pregunta: ¿Qué es Comercio?
Y lo primero que hice fue sonreír. Por un lado me dije, ¿por qué sabe lo que es una Tienda? Y pensé que es algo normal en nuestro barrio, porque hay en muchos sitios, y seguro que también la habían estudiado ya en el colegio con el tema de las profesiones. Y por otro lado, me sonreí, porque gracias a Dios no me preguntó qué era justicia. Así me gustaría que pudiesen crecer todos los niños.