desde los pequeños
 
¿Quieres que haga algo?

 

Un gran paso de libertad se produce cuando un niño descubre que su padre puede que quiera algo, o su madre, o su hermana. Y que no tiene que esperar a que le manden. Se puede adelantar. Comienza una aventura de disponibilidad en la que no sabe qué se va a encontrar.

Va hacia su madre y le pregunta: "¿Quieres que haga algo?" Y de su parte recibe: "No, tranquilo. No hace falta. Tú estudia y luego vienes a cenar." Evidentemente la madre pensó que estaba dejando sus tareas y que no quería hacer los deberes. El padre recibe la misma pregunta y contesta: "Pregúntale a tu madre si quiere que le ayudes a poner la mesa." Y como antes había hablado con su madre, sabía que no necesitaba nada. Por fin se acerca a su hermana mayor, y ésta le pide que se esté tranquilo, que anda en cosas importantes en el ordenador. Así que... al cuarto, a jugar, que es donde todo comenzó.

Pero ciertamente, existen otras posibilidades. Existió desde el principio la posibilidad de decir: "Gracias. Ahora sé que cuando te necesite, estarás. No te preocupes, que te pediré ayuda en cuanto sea necesario." A mi modo de ver, quizá impacientes, pedimos que Dios nos diga aquí y ahora qué tenemos que hacer. Y quizá Dios también necesite, junto a nuestra posibilidad, un tanto de paciencia para recibir la respuesta adecuada.