Es verdad. No todos deseamos realmente lo mismo, ni sentimos necesidad de las mismas cosas. Hay quien llora porque no tiene qué comer y quienes lloran porque no les gusta la comida que tienen. Nuestro mundo es complicado, las personas que en él hay hemos hecho que sean diferentes. ¿Tú a qué aspiras?
Un niño se me acercó. Vivo cerca de Madrid, no en el tercer mundo. Y me dijo que había salido otro niño en televisión queriendo cambiar su juguete por un lápiz. El niño no comprendía que aquello no era realmente un juguete, sino un arma de verdad. ¿Parecía que estaban jugando o es que sus padres no le explicaron lo que estaba pasando de verdad? Creo que fue el niño quien recreó la situación, porque no es fácil enteder que otra persona, como él a pesar del color o de la ropa tan distinta, pueda tener armas de verdad en las manos. Al final de mi sorpresa, llegó otra mayor. Lo que el pequeño de mi escuela quería era regalárselo, sin que tuviera que perder su juguete. La lógica de los pequeños, tan diferente de la nuestra, volvió a recordarme que hay cosas que, por muy naturales que me parezcan, son difíciles de entender: primero, que aquel niño tenga un arma; segundo, que no tenga lápiz cuando incluso un niño de mi mundo podría dárselo sin esfuerzo. Pero no, esto no es así. Aquellos son niños en mundos adultos