Llega cuaresma. El cura habla de lo importante que es convertir el corazón, asirse a nuevas esperanzas y atraer a "lo normal" aquello más hondo de nuestra vida. Con otras palabras, claro. En la celebración, durante la homilía, se invitó a pensar en algo que cambiaríamos. Algunos niños lo dijeron. Pero al salir...
"¿Tú qué cambiarías, papá?" El padre respondió que cambiaría todos esos momentos en los que en casa se discutía, cambiaría también el insondable egoísmo humano que nos obliga a quedarnos sentados en lugar de ayudar, de responder a toda pregunta en lugar de reconocerse ignorante de partida. También el odio, las guerras. Y por supuesto, la falta de tiempo para dedicarse a los demás, especialmente a los que están cerca.
El fin de la conversación fue estupendo: "Ánimo, papá. Tienes cuarenta días. Cuenta conmigo, cuarenta días conmigo." Sin duda, la presencia del pequeño y su compromiso van a ser clave del éxito de la conversión del corazón. Así es como Dios nos quiere, así es como nos acompaña.