desde los pequeños
 
¿Qué se dice?

 

Intentamos educar, es cierto. Pedimos palabras, respuestas. Enseñamos fórmulas de cortesía,

"Hijo, ¿qué se dice?" Y el niño respondió delante del generoso panadero que le había regalado un caramelo: "Lo que se siente. La verdad." El padre siguió insistiendo: "Ya, ya. ¿Y qué es eso?" Vuelto hacia el panadero: "El caramelo es el que más me gusta. Está muy bueno." La cosa se complicaba, porque el adulto educador se sonrojaba al tiempo que el panadero se reía: "Hijo, ya está bien. ¿Qué tienes que decirle al panadero?" El niño, sin saber por qué su padre había cambiado de color, seguía en sus trece: "Papá, ¿le digo al panadero lo que decís de él en casa mamá y tú?" Se ganó un azote, y el padre le quitó el caramelo tirándolo al suelo.

Terminó en tablas. Al llegar a casa, la situación no era tan cordial. Uno porque se sentía humillado, y el otro porque había sido humillado en su sinceridad. Las palabras, vacías de sinceridad y la intensidad de inocencia, habían inundado sus esperanzas, sin ser capaz de acoger las primeras risas del panadero. El agradecimiento tiene muchas formas, no es encasillable en una respuesta. ¡Cuándo lo aprenderemos para enseñarlo! ¡Cómo descubrir que la gratuidad de corazón!