desde los pequeños
 
¿Me haces un favor?

 

Los favores que pedimos a los niños son muchas veces absurdos. En clase, que cierre la puerta. En casa, que cierre la puerta. En la calle, que no se mueva demasiado y responda bien. En mitad de la noticias de la televisión, de pronto la vida se rompe...

"Hijo, ¿me haces un favor?" El tono indica que será algo grande, poco habitual, extraordinario. El niño responde un conciso "cómo no, qué es" que incrementa sensiblemente la alegría del adulto. Sin duda está pensando en su interior posibilidades, qué será aquello que le pide su padre, el todopoderoso papá al que seguiría al fin del mundo.

La petición del padre excedía sus posibilidades. Pero no le detuvo. En el colegio se lo dijo a la profesora, al profesor, a sus amigos. Y pronto se enteraron los padres y amigos de sus amigos. A los pocos días estaba en el periódico, los blogs y webs más importantes. Se corrió la noticia como la pólvora. Aquel padre, sencillamente le había pedido que terminase la guerra, que todos se reconociesen como hermanos. Y el niño se movió, porque su padre se lo pedía. Y todos se enteraron porque fue un niño confiado y no un adulto interesado quien lo movió, quien lo propuso, quien se escandalizó.