Aunque nos parezca curioso, no siempre hemos sabido qué era, ni para qué servía un examen. La vida misma nos evaluaba. Si en el patio todo iba bien, la profesora nos felicitaba. Si nos ponían una pegatina en la frente, era más que un positivo, y si había golosinas por medio todo era estupendo. ¡Hasta que llegaron los exámenes!
Entra una niña pequeña de Infantil en mi despacho. Le digo que no podemos hablar muy alto, porque están haciendo un examen justo al lado, detrás de esa puerta (y la señalo). Ella, en tono bajito y susurrante, casi sin pronunciar las palabras por la presión y los dientes, me dice: "¿Qué es un examen?"
Sinceramente, comprendí que mi vida era sólo una parte de la realidad, que hubo tiempos en los que no imaginé, ni podía imaginar, cuanto ahora sucedía en mi vida. ¡Yo corrigiendo exámenes y en el mundo hay muchos que no saben ni qué son! ¡Feliz infancia!