desde los pequeños
 
¿Jesús es Dios?

 

Comienza a sonar campanas por muchos lugares. Le han dicho al niño que Dios es su amigo, es Padre, es Hijo y que es Jesús es Dios. Comienza la maraña intelectural. Todos hemos tenido experiencia de comprobarlo en nuestras carnes. Así que, como hay buen ambiente en casa, el niño de regreso pregunta a su padre. Y el padre le pide al cura que se lo explique.

"¿Jesús es Dios?" El escolapio, que sabe lo que sucede en el corazón del niño, y el problema que para él supone, le responde: "Sí, es Dios."

El niño se va tranquilo. A sus cinco años, lo que escuchaba eran campanas. No es un adulto que se permite el lujo de dudar, de preguntarse, que vive en ambientes antieclesiales con continuas preguntas. El niño es niño, busca seguridad y confianza, afirmarse, creer con ganas en lo que él cree. El niño necesita a Dios tanto como Dios al niño, su inocencia y su docilidad. Si hubiera comenzado a preguntar al niño qué era Dios para él, cómo vive, qué le provoca... Convertiría al niño en un adolescente de forma innecesaria. Ya llegarán otras preguntas, pero todo a su debido tiempo.