Subimos en el avión. Pasamos por encima de las nubes. El niño emocionado le pregunta a su madre, ¿veremos a Dios? En su cabeza, Dios está en el cielo. Desde allí nos mira, nos ve, nos cuida y sigue nuestros pasos. De su mirada nada puede escapar, porque Él está en el cielo, pero parece que se escapa a nuestra mirada aun cuando estemos en el cielo.
La madre le dice que... Puede ser. Presta atención, porque quizá esté por aquí. Mira bien y no pierdas de vista nada de lo que sucede. Porque es verdad, tiene que estar cerca. También nos ve ahora, que vamos de viaje.
El niño, mirando por la ventana, se da cuenta de lo bello que es el mundo desde arriba, de la grandeza de todo lo que parece pequeño en el mapa de clase, de la cantidad de colores...
El niño miró el mundo como Dios lo mira. Pensando en lo que hará la gente abajo, en las guerras y en la paz. El niño encontró a Dios, gracias a su madre.