Cuando un niño pregunta esto, se te ponen los pelos como escarpias. No suelen preguntarlo entre sonrisas ni juegos de cosquillas. Ponen cara seria (es lo que han aprendido) y te cuestionan sin vacilaciones. Es como nos preguntamos, entre adultos, "¿te pasa algo?" Es extraño. Lo escuchas, pero sabes que no están diciendo exactamente lo que significa ese conjunto de palabras unidas.
"Sí, estoy contento. No me pasa nada."
En este momento, el niño comienza a manejar el lenguaje "de fondo", ese implícito. Sabe perfectamente que pasa algo, aunque no lo sepa. Y en su mundo es como si dos amigos se hubiesen separado de por vida.
Los más pequeños tienen intuiciones cardiacas, alcanzan la realidad de otra manera. Su respuesta, a esa pregunta, no puede ser "vale" simple y llanamente. Tiene que ser un... ¿vamos a jugar? Ellos se mueven en otras claves, solucionan de forma diferente.