No todo sale como se espera ni como nos gustaría. Algunas dificultades se pueden prever y adelantar, e incluso esquivar hábilmente. Pero no todas. Nuestra vocación y vida cotidiana trae consigo momentos inesperados para lo bueno y para lo malo.
En concreto, de aquellos que más nos duelen, por la importancia que tiene para nosotros esto o aquello, no es fácil sobreponerse con alegría y rapidez. Hay que aprender y alguien nos tiene que enseñar. Es necesario y clave.
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