Dice un refrán que dos no se pelean, si uno no quiere. En el amor deben existir también refranes similares, pero no recuerdo ninguno en estos momentos. Y en la vocación, igualmente: "Me sedujiste, Señor, y me dejé seducir." O dicho de otra manera, acepté tu pro-vocación, me dejé provocar.
Acostumbrados a considerar como provocación insultos, amenazas, los previos a un enfrentamiento, Dios nos lanza una provocación mayor aún: plenitud, felicidad real.
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