Fue todo un proceso: decírselo a mis padres, que mis amigos comprendieran, incluso cambiarme de casa. Pero antes de todo eso viene lo más importante: Darme cuenta yo mismo.
El primer paso es ponerse a disposición. Estar en el lugar adecuado. No hay uno preestablecido, cada uno tiene el suyo. Mi lugar fue una capilla. Mis circunstancias, la vida de adolescente un tanto arriesgada. Allí, cuando yo quería cambiar mi vida sin saber bien a dónde dirigirme, sentí que Dios me ofrecía un camino. Mi primer paso fue dejarme encontrar por Dios, encontrar este lugar adecuado. No buscaba "mi vocación", buscaba mi lugar. Encontré ambas cosas.
El segundo paso es creérselo. Como la mayoría de escolapios a los que conozco, todos pensamos al principio que esto era para otros. Unos creen que esto es para los que eran mejores, que tenían "buenas notas" y "eran majetes". Y otros pensaban, cada uno según él era, que era una salida para gente sin amigos. Al principio existe esta dificultad, que es algo así como pensar que Dios no me puede querer tanto, ni puedo ser tan grande para Él. Una vocación, un regalo así... tiene que ser para otros. El paso definitivo es la acción de gracias, que se da cuando nos sentimos ¡ tan amados !
Aquí viene el paso importante: Decir lo que estoy sintiendo y viviendo.