|
|
Deberíamos ser capaces de buscar en las pupilas ya un poco mateadas o sin brillo de los demás la mirada de nino. Quedarnos con la candidez, la sencillez, la inocencia, la pureza, la ternura que habita en todo nino grande o pequeno. Aunque el iris ya esté banado por el lacrimal incontinente, allí hay un nino.
Porque como Dios nos dijo, "quien no se hace como uno de estos ninos no entrará en el Reino de los Cielos". Él mismo se hizo nino, débil y pobre para nosotros. Él nos abrió el camino para hacer posible ser ninos, vivir como ninos y mirar como ninos, para encontrar en el otro a ese nino, a Dios mismo en él.
|