Pues voy a responder con algo sencillo. La vida del P. Ambrosio. Un hombre sencillo, siempre dispuesto al trabajo, un orante incansable, un hombre profundo y cordial, con sus cosas, como todo.
Viví con él sólo un ano y medio. Y ha dejado en mí una huella imborrable. Por su testimonio y sus palabras. Su conversación era preferible a cualquier película, a pesar de estar un tanto sordo. Pero se acostaba pronto. Normal, tenía por entonces 4 veces mi edad.
Sólo un detalle. Celebrábamos juntos la Eucaristía prácticamente todos los días en nuestra capilla, en Cercedilla, en plena sierra. Había un canto que le encantaba, y todos los días... repetíamos. El canto es una oración conocida de la tradición, pero con música actual, que yo tocaba con guitarra. Escucharle era hermoso.
Pero algo más. Era el ecónomo. No él, yo, con un cuarto de su vida vivido. Descubrí así muchas cosas, pero sobre todo que era muy, muy austero y generoso. Pero también que podía cuidarle comprando la fruta que comía todos los días. Era mi velado detalle, un regalo para él.
Al P. Ambrosio, de mi parte y de cuantos hemos compartido con él algo de vida: "Gracias y que Dios le bendiga ya en el cielo."