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CONTINÚA |
TU VIAJE |
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Sacerdocio |
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Testimonio |
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Ungidos... |
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Amaos, como yo os he amado |
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¿Lavarme tú a mí los pies? |
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¿Seré yo? |
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Celebrar la Eucaristía |
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Agradecer este don y compañía |
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Que te reconozcan |
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El día de mi ordenación |
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Gracias, Señor, por mi sacerdocio |
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Gracias Senor porque mi sacerdocio y el de mis hermanos ha sido capaz de testimoniar ese servicio de amor concretado en la educación, en ensenar cosas sencillas a ninos y jóvenes, abriendo así sus ojos al mundo que les rodea, a sí mismos en un interno conocimiento, y al Padre, como Tú mismo hiciste al ensenarnos.
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Sacerdocio concretado también en la evangelización de los ninos y jóvenes, en tantas catequesis dadas, en tantas horas con grupos, en clase, en la calle, o en medio de la naturaleza en algún campamento de verano.
Pero sobre todo, la celebración con ellos, de dos sacramentos principalmente, el Sacramento de la Eucaristía y el Sacramento del Perdón que tanto curan y lavan el alma por dentro...
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para no quedarse en palabras |
Si tienes un sacerdote cerca, te invitamos a que hagas una oración por él. Seguro que él ha rezado por ti muchas veces. Quizá aunque tú no lo sepas, algún día él te vio, se fijó en ti y se preguntó qué te ocurría. Seguro que él ha rezado más de una vez por ti. ¿Por qué no orar tú por él? Agradécele al Señor su vocación y pídele para que haya más personas como él, que con sus cosas, intenta entregar su vida y ser para los demás alguien que les recuerde el Evangelio y a Jesucristo. |
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Esta es nuestra vida de escolapios. Te presentamos esos momentos en los que se ha hecho realidad aquello de lo que hablamos: su presencia, nuestro servicio, nuestra libertad y vocación. |
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