Como escolapios, consagrados en un mundo tan particular como la escuela, sentimos la necesidad de retirarnos de "Ejercicios" al menos una vez al año de forma prolongada. Este tiempo se convierte en un momento de revisión personal, pero también propicia y fortalece la esperanza.
Además, están cargados de sentido. Nos encontramos con otros religiosos de comunidades escolapias. Luego un retiro, que aparentemente es un momento de "soledad", se convierte en un verdadero encuentro. Precisamente aquí radica su fuerza: El Señor no se muestra "por separado", no se hace presente "individualmente", sino en la comunidad, a través de ella, en la comunión de sentimientos, en la unidad.
Quizá sea ésta una de las razones más profundas de la espiritualidad cristiana: "No tengas en cuenta nuestros pecados, sino la fe de tu Iglesia." Este año, confesándome en los ejercicios con uno de mis hermanos escolapios, descubrí esto: Me fui al silencio, para escuchar mejor al Señor, para querer más a los que tengo cerca.