Cantan porque están alegres y porque les gusta escuchar su voz. Cantan canciones de otros, porque desean revivir a través de la música sus llantos y encuentros. Cantan y no pueden dejar de cantar. No siempre se atreven a hacerlo en alto, ante los oídos atentos de los demás, pero no dejan de cantar en su silencio. Cantan porque les llama la vida, y saben de qué cantan. Cantan porque les provoca, porque les entusiasma, porque les llena. Cantan de viaje, solos o acompañados. Cantan a tiempo y a destiempo. No dejan de cantar. Que no dejen de cantar los jóvenes canciones de vida y de esperanza. Dios también tiene su música, que comparte, que atrae, que revive, que mueve, que clama y llama. Del Espíritu decimos eso, que clama en nuestro interior, esto es, que el Espíritu canta porque no tiene otra manera de hablar más que con nuestra propia voz; un mismo corazón para toda la humanidad, un corazón que canta. |