1. Una vida arrugada, considerada para muchas cosas inservible, inútil, desechada, incapaz de recoger palabras bellas o escenas interesantes. Desechada y arrugada, que porta en sí las marcas de la destrucción a modo de heridas de diversa índole y profundidad. |
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3. Una metáfora de la gracia, del don que Dios da. De la fuerza de las palabras que quedan grabadas en los corazones de los hombres. Dios llama, para que el hombre no haga una pelota de sí mismo, encerrado y volcado sobre sí. Su llamada despierta, obliga a mirar, a buscar de dónde viene. |
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2. En la que aparecen pequeños espacios en los que podría escribirse, pero fragmentados, divididos, aislados unos de otros sin conexión entre sí. Como acontecimientos sueltos, destellos en forma de una palabra o una frase, pero nunca un gran relato. |
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4. Y Dios se atreve. Lo que para otros parece imposible, lo que nosotros desechamos y tenemos por inútil, Él lo hace suyo. Es su forma de proceder, escoger la debilidad para mostrar su fuerza, preferir la herida para sanar. "No he venido para los sanos, sino para los enfermos" |
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3. ¿Quién fue el causante de esta situación? ¿Quién lo vio, de partida, inservible? ¿Cuánta gente lo vio, tirado, sin acercarse a él para recogerlo, atenderlo, cuidarlo o prestarle atención? Un papel, nada más. Una persona, muchas veces, tratada igual. Un hijo de Dios que desconoce cuál fue su origen, de dónde viene, para qué está llamado y se conforma con lo que otros pueden hacer con él. |
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6. Y Dios comienza a escribir su historia. Parte del Evangelio queda grabado en nuestras vidas. Y se muestra la fuerza de su Palabra, y llama la atención que en un folio arrugado pueda haber algo tan bello, tan vital, tan sorprendente, tan capaz. Dios recrea nuestra capacidad, nos miramos, y le vemos donde otros dejaron su pisada, arrugas, desprecios. |
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