Los jueces andan buscando testimonio, el sumo sacerdote provoca y el tribunal delibera la condena. La sentencia ya está puesta antes de arrestar a Jesús. Lo único que preocupa ahora es la apariencia de justicia, sin verdadero discernimiento, ni tranquilidad. Llevados por las prisas y la urgencia de los días de Pascua, todo tiene que ser “cuanto antes”. La sentencia equitativa no existe, sólo la idea de muerte. Y las palabras ahora van a ser motores de esta muerte. Lo que se diga, de lo que se dé testimonio, será la causa directa. |