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Recuerdo la primera vez que sentí a Dios a mi lado, que sentí que me quería. Fue precisamente gracias a una de estas experiencias de empatía, de intentar meterme en la piel de otro:
No recuerdo exactamente la cita evangélica, pero recuerdo que yo aún era pequena y alguien me dijo: "cierra los ojos, concéntrate e imagina que es a ti a quien te habla". No hubo ni uno sólo de los que nos encontrábamos en aquella pequena capilla que no se emocionara. Era la primera vez que lo sentíamos cerca, Dios nos había hablado, y nos hablaba sobre nosotros, sobre nuestra vida. Tenía una misión para nosotros, no éramos uno más. Nos planteábamos por primera vez si era a Jesús a quién queríamos seguir, si queríamos ser como Él. Desde entonces, procuro no apartarme de su camino y ser fiel a sus ensenanzas, dejando que sólo Él sea mi guía y luz.
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