No nos gusta decirlo, pero todos vivimos acompañados por cosas superficiales que pueden convertirnos en lo que ellas son. En tiempos difíciles o cuando no tenemos oportunidad porque vivimos de algo mayor, las dejamos sin casi recordarlas. ¿Por qué no prescindir de ellas?
Hacer castillos de naipes es fácil. Requiere paciencia y buen pulso. Nada más que eso prácticamente. Saber colocar las cartas y algo de visión. Todo está en función de su fragilidad.
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