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TU VIAJE |
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Aristas, pinchos, espinas. Realidades que pinchan. También entre los hermanos, entre amigos. Unos a otros se pinchan, provocan. Jóvenes que visten llamando la atención, manifestaciones que buscan movilizar conciencias. Una realidad de todos, que pincha igualmente.
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Pero el secreto no es pinchar. Se pincha por algo, buscando algo, queriendo algo especial: se pincha por amor, se pincha protestando por una injusticia, se pincha para llamar a atención. Algunos se sienten solos y pinchan. Otros no tienen amigos y quieren pinchar a otros para sertirse igualmente vivos. Otros, por carácter. Fue su historia la que les enseñó a defenderse de los demás, a mostrar sus dientes antes que sus palabras. Estos pinchazos duelen, hieren, provocan divisiones. Las personas se alejan, y aprenden que ellos también tienen que crear sus defensas. Endurecen su caparazón y se parapetan tras él.
Los cristianos también pinchamos. Pero no debería ser nuestro carácter nuestro portavoz. Lo que más pincha es el tesoro que llevamos dentro. Pellizca conciencias con amor, llamando a atención sobre un amor posible, y las injusticias. Delata, señala...
pero qué triste es abandonarse a la mera crítica. El cristiano pincha pero si lleva a Cristo dentro. Es nuestra gloria, nuestra fueza, nuestra ilusión, es el Espíritu quien nos mueve. Y pincha. Lo sabemos bien, porque los primeros a los que nos inquieta somos nosotros. Y qué gran tesoro. ¡No dormirse! ¡No quedarse con cualquier cosa! Estamos llamados a esto, nuestra vida da testimonio de que otro mundo es posible, de otra forma de vivir. De una entrega y generosidad diferente. Pero no soy yo, es Cristo que vive en mí.
"Es Cristo que vive en mí"
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para no quedarse en palabras |
¿Si enseñas el tesoro que es Cristo, que llevas dentro, qué ocurrirá en tu ambiente? ¿Cómo proponerlo: desde el odio,desde la prepotencia, desde la "verdad máxima"? ¿Cómo entregarlo: desde el diálogo, desde el servicio, desde la confianza, desde la cercanía?
¿Cómo evitar que se quede en nosotros?
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La vida es para vivirla, y es encarnando nuestros sueños, haciéndolos realidad donde descubrimos a Dios. Es en la realidad donde lo encontramos y nos dejamos encontrar. Es en la acción, y por eso nuestra pequeña sección de tareas vocacionales. |
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